La Marea

España y Portugal disputan por la mediana mientras la naturaleza de las Salvajes permanece altiva ante las inquinas humanas.

La versión de Anna Karenina o lo último de Bryan Singer saltan a la cartelera semanal.
Un texto de SAMUEL ARJONA
Quiero destacar como lo más recomendable de esta semana a un actor, Jude Law, y su participación en la magnífica adaptación que Joe Wright ha llevado a cabo de Anna Karenina. No vamos a descubrir ahora a alguien que nos ha dejado ya personajes inolvidables, pero su minimalista y a la vez expresivo registro como Alekséi Aleksándrovich Karenin es ejemplar.
El resto de novedades en la cartelera de esta semana son:
Ha hecho bien Singer en esta ocasión, se ha dejado en casa sus constantes pretensiones autorales y se ha preocupado únicamente por contarnos la historia de la manera más entretenida posible. Más o menos, todos conocemos el argumento que se nos narra, empleado ya en numerosos productos dirigido al público infantil y juvenil. Lo que identifica esta propuesta es no ser apta para todos los públicos y convertirse en una película de acción, saturada de efectos visuales y mucho sentido del humor. Película a la que no le importa los efectos que pueda tener sobre ella un análisis pormenorizado.
No podemos saber cómo hubiera sido la adaptación de la novela de Peter Dexter si se hubiera materializado el interés de Pedro Almodóvar por llevarla a cabo, pero estoy seguro de que con semejante material de partida, el manchego no habría caído tan bajo. Daniels se muestra tan perdido con la cámara y la narración como los personajes que trata de erguir. Y sigue empeñado en, no se si por dar autenticidad, torturar desmesuradamente al espectador detallando la miseria trágica, tanto física como moral. Tan exagerada que pierden valor los aspectos universales que pudiera tener y se vuelve local, ajena e intrascendente.
Un consejo: Que ningún padre, o madre, haga caso a sus hijos si piden que se les lleve al cine a ver esta película, argumentando que entre las protagonistas hay caras habituales en Disney Channel. Korine, como en toda su obra previa, juega a desconcertar, a romper moldes, a luchar contra lo establecido. Si no te sientes cómodo en una fiesta rave, no es tu película.
El aspecto es el de una agradable comedia romántica, pero la nueva propuesta de Josh Rador a los dos lados de la cámara esconde bastante más. Pertenece a ese género de comedia agridulce, que no llega a convertirse en drama, pero queda implícito en buena parte de sus imágenes. Además, se debe valorar su intento por resultar verosímil, aunque puedan incomodar al espectador los silencios e indecisiones de los personajes. Y es que, en la vida real no hay muchas personas que al relacionarse con los demás, hablen o se muevan como Woody Allen.
Sorin continúa mostrándose fiel a si mismo y nos entrega otra de sus historias mínimas. El resultado puede que sea igual de bueno que sus trabajos anteriores, con la desventaja de que ya no sorprende. Cine en busca de su esencia, que mima la forma, para extraer silencios y reflexiones. En este caso, el asumir la irreversible pérdida de nuestro pasado.
Ahondando en la crisis laboral que estamos sufriendo en nuestro país. Puebla encierra a los personajes en un hotel, donde está teniendo lugar una convención de vendedores, con la intención de moralizar. Lo más atractivo es el trío protagonista, un magistral Antonio Dechent, María Valverde y el norteamericano Nick Nolte.
Y la crítica…
La puesta en escena de Joe Wright en su re visitación del clásico de Tolstio es tan radical y arriesgada como lo ha sido la de Los Miserables de Tom Hooper y por lo tanto las reacciones pueden ser semejantes. Los habrá que rechacen de plano el experimento y pasen más de dos horas aburridos y los habrá, entre los que me encuentro, que acepten el juego y no solo se diviertan, sino que disfrutarán de momentos de cine en estado puro.
La cita a Los Miserables también es apropiada en cuanto al género, porque lo que Wright y el guionista Stoopard han rodado es un musical sin canciones. El ritmo de los movimientos de cámara, las coreografías permanentes en cada encuadre y en muchos momentos, los recitativos al declamar de los protagonistas, lo convierten en un musical. Todo ello envuelto en la omnipresente y maravillosa partitura de Dario Marianelli, que describe sin esfuerzo lo que sienten y piensan los personajes.
Que el mundo es un gran teatro y nosotros los actores, es una máxima que todos manejamos en algún momento y es el punto de partida a la hora de representar la obra. Se abre el telón y prácticamente no saldremos del teatro a lo largo del relato. Semejante artificio visual, magistralmente orquestado, funciona óptimamente para mostrarnos la falsedad e impostura de la sociedad.
El tomo de Tolstoi, lleno de palabras, se torna elipsis, gestos y silencios. Y funciona.
Artículo de Samuel Arjona a 14 marzo, 2013.

Un concepto que echa raíces por todo el mundo, la soberanía alimentaria, germina también en Canarias.

Una nueva isla emerge en el panorama de la joven literatura canaria. La ínsula tiene nombre: Jorge Cáceres Hernández.