La Marea

Me gusta San Borondón. Nunca tuve una relación fácil con la realidad, razón por la cual me adapté a la vida en una isla imaginaria.
El crítico Samuel Arjona nos sumerge en los estrenos de la cartelera, desde El último desafío a Hitchcock.
Un texto de SAMUEL ARJONA

Tormenta de buen cine es la que hemos podido disfrutar este enero. En los últimos 31 días se han estrenado en nuestro país los excelentes trabajos de Paul Thomas Anderson, con una nueva entrega de sus complejos personajes en continua búsqueda de sí mismos, como podemos ver en The Master; Kathryn Bigelow y su crónica sobre la captura y eliminación de Bin Laden que tanta polvareda ha levantado en La noche más oscura; Michael Haneke, de nuevo ofreciendo dolor al espectador, esta vez atendiendo a la vejez y a la muerte desde el Amor; Steven Spielberg y el íntimo y cercano, a la vez que monumental retrato que ha hecho de Lincoln; y Quentin Tarantino, ofreciendo en Django desencadenado un alegato abolicionista que no puede dejar indiferente a nadie. Ninguno ha decepcionado y todos merecen la atención del aficionado.
Pero aún hay más, y es que para los espectadores más valientes y pacientes, los que disfrutan cuando tanto el fondo como la forma en un film nada a contracorriente, el mes saliente les ha proporcionado tres experiencias: El muerto y ser feliz, de Javier Rebollo; Tabú, de Miguel Gomes; y Il Villagio di Cartone, de Ermanno Olmi.
Quizás sea un buen momento, la calma con la que se presenta febrero, para poder degustar alguna obra de las mencionadas que aún podamos encontrar en cartelera. Sobre todo teniendo en cuenta los estrenos de esta semana:
Schwarzenegger vuelve a encabezar un cartel. Era cuestión de tiempo que el exgobernador de California aceptara protagonizar un film y si bien es cierto que el papel que interpreta primero fue ofrecido a Liam Neeson, el producto parece hecho a la medida tanto de Arnie como de Kim Ji-woon, su director.
Sin saber cuál es el tirón real del actor en estos momentos, ni la capacidad de adaptación del surcoreano a la industria norteamericana, los productores no podían arriesgarse tirando la casa por la ventana. Han optado por un presupuesto medio y que contenga algunos de los iconos más populares de la cultura y del cine estadounidense: sheriff, bandido y frontera.
Que nadie espere una película con los ingredientes a los que nos tiene acostumbrados el director de Encontré al diablo, A bittersweet life o 2 hermanas. Siempre dado al exceso, adepto a la violencia contundente y a las atmósferas perturbadoras. Cómo el mismo reconoce, ha realizado un hibrido de los que están tan de moda. Una película de acción con elementos de western y comedia. Un entretenimiento sin pretensiones para lucimiento, o no, del último gran héroe.
Primer largometraje documental del director cántabro. León ha ido grabando imágenes de su vida durante varios años, a modo de diario, y las ha montado con elementos de ficción. El resultado es un atípico documental con aspecto de road movie, en el que se nos cuenta un viaje a la India que pretende ser iniciático. Rodado en todo momento en primera persona, nos habla de arrebatos, motivaciones, búsqueda o soledad entre otros temas, siempre desde la subjetividad.
El principal problema que plantea un juego así, es el de haber sabido proyectar más allá de sí mismo y conseguir ofrecer imágines y reflexiones válidas para los todos. De lo contrario, tendremos el mismo interés que sentimos por los extraños que nos rodean a diario en nuestra vida cotidiana y la película pasará desapercibida. Normalmente nos acercamos al cine a conocer la vida de los demás cuando han logrado algo que los convierte en interesantes. De otra manera, y quizás debiéramos someterlo a reflexión, no son más que una anécdota las vidas ajenas.
La exposición que está teniendo lugar en Sevilla del artista chino Ai Weiwei (sí, el de las pipas tóxicas), ha animado a la distribuidora a estrenar en las salas de nuestro país este largometraje documental centrado en su figura. La misma directora ya le dedicó un cortometraje que sirve de precedente: Who`s Afraid of Ai Weiwei. Klayman, recién graduada en cine, se fue a vivir a China y no tardó en recibir el encargo de hacer un seguimiento audiovisual del polémico artista.
Desde entonces su arte, activismo y todo lo que le rodea, sólo ha engrandecido. Acontecimientos como la demolición de su estudio por parte de las autoridades chinas o su encarcelamiento en paradero desconocido acusado de crímenes económicos, invitan a dedicar una mirada a su obra y reivindicaciones para preguntarnos qué es lo que realmente está pasando.
El principal anzuelo se ha convertido en rémora. Desde que salió a la luz alguna de las fotos promocionales en las que se podía ver a Anthony Hopkins encarnando a Alfred Hitchcock, hemos estado expectantes ante la composición que el capaz actor hiciera del personaje. El resultado no pasa del impacto inicial por el asombroso parecido. Similitud lograda por el apoyo de Hopkins en una impecable dicción y kilos de maquillaje que le impiden expresarse.
Cuando le vemos participando en actos públicos o en alguno de sus siempre brillantes monólogos habituales en sus episodios para la televisión, se nos muestra al Hitchcock que todos conocemos y la emulación es perfecta. Pero en la intimidad de su casa, impedido tras la máscara y el volumen de su cuerpo, tan solo puede ofrecernos miradas y gestos bruscos. Insuficiente. Otros alicientes son los que intentan salvar la propuesta. Dicen que detrás de todo hombre hay una gran mujer y ese parece ser el cimiento del libreto de Hitchcock. Nos encontramos a una magistral y con la cara limpia Helen Mirren, dando vida a su compañera (en todos los sentidos) Alma Reville. Sin duda hubiera sido más justo llamar a la cinta: Alfred y Alma, ya que el mayor logro de la película es reivindicar el papel de su esposa, no solo en el equilibrio de su vida privada, sino para lograr que el genio de su marido llegara donde llegó.
Diálogos inteligentes, una ambientación eficaz y momentos tan divertidos como lo suele ser jugar al quién es quién en este tipo de películas de cine dentro del cine. Poco más. En esta recreación de la producción de Psicosis sus responsables se han olvidado de lo más importante y que tan sabiamente manejaba el homenajeado, provocar interés por lo que se nos está contando.
Una secuencia para el recuerdo: Hitchcock/Hopkins simulando dirigir la banda sonora del maestro Herrmann mientras espera la reacción del público en el hall del cine donde proyectan Psicosis por primera vez. Impagable.
Artículo de Samuel Arjona a 31 enero, 2013.

La cartelera nos lleva por caminos donde aparecen Guillermo del Toro, el fantasma de Pinochet o un grupo mafioso.

Cuando uno se acerca a un volcán en activo, como el Arenal de Costa Rica, debe estar dispuesto a casi cualquier cosa.