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Visitamos un hotel ‘todo incluido’, un modelo turístico que genera controversias pero que hace sentirse a los clientes como superhéroes. Ya la tienes. Te sientes como Frodo cuando encuentra el…

  • El ritual ancestral comienza cuando el recepcionista te coloca la pulsera

Turistas 'todos incluidos' en el Riu Palace de Maspalomas.
G. C. Reyes
Fotografía de G. C. Reyes

Visitamos un hotel ‘todo incluido’, un modelo turístico que genera controversias pero que hace sentirse a los clientes como superhéroes.

Ya la tienes. Te sientes como Frodo cuando encuentra el anillo que los domina a todos. Habías oído hablar de ella y contemplado atónito las manadas de turistas orgullosos de portarla en sus sonrosadas muñecas. Ahora, el mágico brillo de ese plástico de color platino luce en tu brazo derecho. El recepcionista del hotel, con un ceremonial que se remonta a los albores del Imperio del Todo Incluido, acaba de concluir el rito y te mira como un Rey Arturo que te ha nombrado caballero de su Orden.

Las burbujas del cava de bienvenida languidecen mientras un brillo malévolo nace en tu mirada. Ya no eres tú, tu voluntad queda absorbida y dominada por la pulsera: “¿Ya se puede comer algo?”. “Quedan diez minutos para que termine el segundo desayuno. Y, si lo prefiere, en media hora comenzará la comida”, responde el recepcionista, guardián de costumbres inmemoriales que se revelan mágicas ante tus ojos. Los posibles ayunos nunca ocupan más de treinta minutos.

El debate

Una caipiriña del todo incluido.Esta aventura en tierras de leyenda tiene lugar entre los muros del Riu Palace Maspalomas, en el sur de  Gran Canaria. El personal es impecable, con sonrisas todo incluido las 24 horas del día. Los extranjeros, acostumbrados a una frialdad meteorológica y social, se sienten como en casa, al menos. “¿Qué tal el día libre?”, le pregunta un turista alemán a una camarera mientras ella le sirve una caipiriña.

Un grupo de nórdicos lleva toda la mañana en la piscina, en la zona donde se hace pie, como un grupo de focas monje en una playa de Mauritania, con el aditamento de unos mojitos y unos zumos de fruta. No han salido a la calle. Aquí radica una de las críticas que se hace a este modelo de turismo, pues retrae el consumo fuera de estos establecimientos. Según las cifras de Hosteltur, este segmento del mercado, que vivió un auge del 19 al 28% entre 2009 y 2010, experimenta una revitalización. Canarias, Baleares y Andalucía son sus nichos principales.

Un mundo ahí fuera

Puede ocurrir que los portadores de la pulsera de color platino olviden que hay un mundo ahí fuera. Por casualidad, descubren unas llaves para utilizar la puerta que da acceso a ese espacio exterior donde se desactivan los poderes de la pulsera. Hay quien la traspasa como un juego, para hacer uso de esa llave, y regresa de inmediato al cobijo del todo incluido, donde es suficiente con levantar la mano para que un mojito aterrice en la mesita junto a la hamaca.

Has desayunado dos veces, almorzado, merendado y probado la cena en dos turnos distintos. Te asalta el temor de que alguien, un malvado oculto, te esté cebando para convertirte en parte de un menú. Al anochecer, el palmeral es mecido por una brisa que te acuna hasta el sueño, también incluido. Unos vientos escribirán esta noche historias sobre las dunas que otros vientos borrarán mañana.

Llega el mañana

¿Mañana? Ha llegado el día fatídico. Un recepcionista distinto, cumpliendo también con un ceremonial ancestral, toma tu mano. Un chasquido metálico, el de la tijera al cortar tu pulsera, rompe el hechizo. Tus superpoderes han quedado desactivados. Debes enfrentarte de nuevo al mundo exterior. Llega un grupo de chicas. Les colocan las pulseras. Sonríen. Preguntan por la comida. Es el ciclo de la vida.

Gregorio Cabrera

Artículo de a 21 mayo, 2013.


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