La Marea

Las ONGs sitúan la búsqueda de petróleo en Canarias como un problema ambiental “grave”.

Cristín vivía en una chabola frente a un barco encallado. Su vida ha vuelto a naufragar. Las máquinas han tirado el que era su hogar.
Quizás no sea casualidad que Cristín Pérez haya vivido los últimos 17 años junto a un barco derrotado y semihundido frente a las costas de Arrecife (Lanzarote). Las olas que llegan a la orilla cuentan siempre la misma historia, cuyo final es un párrafo oxidado y retorcido que se lee a diario en la bahía. El Telamón era un mercante orgulloso. Había zarpado de Costa de Marfil con su barriga metálica llena de troncos. Su destino era Tesalónica, en Grecia, pero el océano reescribió un desenlace distinto. Naufragó en 1981 frente a la isla. Desde entonces es el recuerdo de que sabemos donde empieza el viaje, pero nunca donde termina.
Cristín también naufragó. También se abrió una vía de agua en su vida. También está rumbrienta su biografía, también se arrastran por sus fondos los peces abisales y viscosos de la memoria. Diecisiete años atrás, arrastrado a la misma orilla que el Telamón, juntó unos bloques, dispuso una techumbre y se hizo vecino de las mareas en el barrio de los naufragios.
Durante casi dos décadas, Cristín y el barco han comparrtido vecindario, se han contado sus desvelos, se han ido oxidando juntos. Hasta que llegó el desalojo, hace unos días, otra roca que resquebrajó un poco más el armazón de Crispín. Una decena de agentes policiales, una orden judicial, un mandato de la Autoridad Portuaria, la ocupación ilegal de dominio público marítimo-terrestre, la ley terrenal que acaba con el limbo de Crispín, que añade un naufragio más a su océano.
“Mándenme para la luna si no me quieren en la tierra”, dice Cristín. Se resiste a abandonar su costa de los naufragios. Se ha petrechazo detrás de unos bidones, aferrado su radio. El futuro es ahora una intemperie mayor. Otra vez sin sumbo, anclado en el sinuoso litoral de su existencia, la travesía que siempre termina con un hundimiento porque la carta náutica es engañosa y el patrón, a sus 63 años, ya ha perdido el control de la nave.
*Agradecemos la colaboración prestada por la periodista de la Cadena Ser en Lanzarote, Lucía Rodríguez, que posee la poco habitual combinación de inteligencia, simpatía y compañerismo.
Artículo de Gregorio Cabrera a 2 mayo, 2013.

Esto es lo que ocurre cuando te acercas al papo azul, un socarrón lagarto palmero.