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Rata, niño, policía, rey

Esta crónica hilvana historias reales que se cruzan de tal manera que dibujan un escenario surrealista e inquietante de la sociedad española. Un artículo de ÁLVARO RODRÍGUEZ MARÍN Es difícil…

  • Esta sutil crónica une retales inquietantes de la sociedad española actual

El Gallinero tras el desalojo.
A. R. M.
Fotografía de A. R. M.

Esta crónica hilvana historias reales que se cruzan de tal manera que dibujan un escenario surrealista e inquietante de la sociedad española.

Un artículo de ÁLVARO RODRÍGUEZ MARÍN

Es difícil describir cómo suena un cadáver de rata al impactar con el casco de un policía. Suena hueco.

Las palas mecánicas que trituran las nueve viviendas (infraviviendas las llaman los técnicos y periodistas) hacen salir en tromba, en riada a las ratas con las que conviven los niños de El Gallinero de Madrid. Esta vez los niños han sido arrancados de sus camas por las voces y los funcionarios que les dicen que su casa está a punto de desaparecer, esta vez no han esperado a que estuvieran en el colegio, esta vez no han llegado a tiempo los voluntarios que se van reuniendo al otro lado del cordón policial hasta que todo haya terminado.

A los niños gitanos rumanos del Gallinero identificados por esos tres nombres, niño-gitano-rumano hay algo que les da más miedo que las ratas, los policías. Por eso se dedican a acorralar a tantas ratas como pueden y a pisarlas, a saltar sobre ellas hasta que las cogen por el rabo y las lanzan como una honda contra los policías cubiertos de escudos, petos y cascos que les han sacado de casa, a ellos y a sus mayores impotentes. Los funcionarios llevaban guantes y mascarillas, como los cirujanos. Por eso les lanzaban ratas. Algunas veces el proyectil acierta.

Suena hueco

2)

M lleva una semana enfermo, se mete en la cama debajo de un montón de mantas y tirita, le duele todo el cuerpo y no puede comer. Al cuarto día de fiebre decide llamar a su ambulatorio. No le dan cita porque su tarjeta ha caducado. M es africano y no tiene un contrato laboral, según a Administración M es una “persona ilegal”.

Hace unas semanas un hombre ha muerto en Mallorca de tuberculosis. No tenía papeles, está excluido del sistema de salud pública desde que dictaron la nueva ley hace un año.

M se anima a acercarse al ambulatorio porque se encuentra muy mal. Lleva su pasaporte en la mano como le han indicado y su tarjeta sanitaria en la que se lee el nombre de su médico. Espera la cola y solicita una cita hablando en tono suave a la mujer de detrás del ordenador. Ahora hay miedo de acercarse a un centro sanitario, se sabe que las cosas se han puesto difíciles, imagínate que acabas detenido. La mujer escruta la pantalla del ordenador. Aquí no puedes pedir cita. Te han sacado del sistema.

3)

En la misma autopista de circunvalación de Madrid que pasa cerca del Gallinero y a pocos kilómetros del ambulatorio de M, el mismo día, veo desde el coche un par de guardias civiles en cada incorporación. Pocos kilómetros más adelante aparecen policías nacionales, en moto, en cada desvío, en cada parterre, durante varios kilómetros más, incluso encima de cada puente que sobrevuela la enorme autopista hay un motorista de la policía nacional apostado como un jinete de un western. Un montón de hombres, walkitalkis, motos y coches controlan un trayecto enorme de carreteras hasta la desviación hacia el Palacio de La Zarzuela, según parece.

Este dispositivo lo hemos visto decenas de veces miles de conductores que pasamos por la autopista. Nunca he visto esto comentado en ningún otro sitio. Es algo así como El Trayecto de El Rey, supongo. Cuando lo veo evoco la misma postal: la corte de un rey sasánida atravesando Babilonia, tal como imaginé lo que estudié. Un cortejo de carrocerías asombrosas entre campesinos descalzos.

De aquello hace más de dos mil años. De lo demás, una semana.

Álvaro Rodríguez Marín

Artículo de a 5 junio, 2013.


  • Patricia

    Si M tenia historia en su centro de salud antes de la maldita ley, sigue en una especie de limbo administrativo, no los han borrado, se les puede citar de manera programada con su medico. En mi centro se hace.

    Otra cosa es que luego no permita el sistema pedir cosas o hacer recetas. Pero si cualquier persona demanda asistencia se le atiende, con o sin papeles. Porque lo contrario es delito.

    • Alvaro

      Si la persona no dice la palabra mágica “urgencia” se le manda a casa en algunos sitios, como a M.

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