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Don Borondón

Don Borondón, un aventurero

Adiós, imaginada

Me gusta San Borondón. Nunca tuve una relación fácil con la realidad, razón por la  cual me adapté a la vida en una isla imaginaria.

El Alisio

Ruth Corujo, una periodista con alma.

Y no viví

Si se sumergen encontrarán una historia muy especial. Pasen, lean y naveguen entre letras.

Adiós, imaginada

Me gusta San Borondón. Nunca tuve una relación fácil con la realidad, razón por la  cual me adapté a la vida en una isla imaginaria. ¿Dónde vivo?, se preguntará alguien….

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Diario Atlántida » Don Borondón » Adiós, imaginada
Don Borondón, un aventurero
G. C. R.
Fotografía de G. C. R.

Me gusta San Borondón. Nunca tuve una relación fácil con la realidad, razón por la  cual me adapté a la vida en una isla imaginaria.

¿Dónde vivo?, se preguntará alguien. Les explico…. He habitado durante los últimos cuatro siglos, siete años y veintitrés días en un territorio que no aparece en los mapas, sino en las leyendas. Cuándo llegué no había nadie más aquí. Ahora el censo lo integran cientos de personas y animales de la más diversa condición, todos ellos sin excepción producto de mi mente.

El padrón municipal de San Borondón, justo es reconocerlo, ha crecido al ritmo de mis caprichos. Si un día necesitaba a alguien que me escuchara daba a luz como por ciencia infusa a un amigo de esos que aparecen en tu cueva con una botella de vino cuando atisba tristezas.

Mi chistera

Para asuntos más prosaicos, como la ingesta de alimentos, llené la isla de típicos animalillos, liebres o gansos para el monte, cangrejos y peces de colores para las costas. Si me cansaba de ver y cazar o de comer conejos sacaba algo nuevo de la chistera. Así fue por ejemplo como nació el Meroso, una mezcla de mero y oso que duerme en los charcos y come moras durante el día en el bajo bosque.

Vivo en una caverna. Al fondo se encuentran los elementos del globo con el que llegué aquí. Al amanecer y al atardecer distingo con claridad la silueta de un volcán de casi cuatro mil metros de alto. Yo le llamo Teide. Ya no recuerdo si el resto del mundo es tangible o también es hijo de mis calenturas mentales.

Espejismos

Debo descubrirlo. Necesito entrar en contacto con algo más que mis recreaciones. Antiguamente todavía había quien intentaba llegar hasta este lugar. Incluso se hacían expediciones. “Vamos a conquistar San Borondón”, decían. Luego llegó la ciencia y aseguró que San Borondón no existe, que es solo un espejismo, una trampa de la vista en determinadas condiciones de mar calmo, sol y nubes, apenas un reflejo engañoso. Si supieran la que tengo aquí montada…

Lo cierto es que he decidido desempolvar y rearmar mi globo. He tenido que hacer algunos remaches. He tomado provisiones (sobre todo mucha fruta, alguna inventada, como el papahigo) y justo cuando termine de escribir la primera página de mi cuaderno de bitácora esperaré a que me levante el alisio. ¿Con qué me encontraré? ¿Seguirá siendo tan real el mundo como se dice? ¿Qué costumbres tendrán ahora los seres humanos? Adiós San Borondón, desde las alturas sigues siendo irreal y bella.

Gregorio Cabrera

Artículo de a 19 diciembre, 2012.


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