La Marea

Nuestro viajero surca los cielos tras abandonar su isla imaginada. Y llega el primer incidente.

La cartelera nos lleva por caminos donde aparecen Guillermo del Toro, el fantasma de Pinochet o un grupo mafioso.

Un texto de SAMUEL ARJONA
Con esta semana alcanzamos el ecuador de febrero y continuamos sin un verdadero acontecimiento. Y es que los estrenos son:
Podríamos decir que con Mamá, Guillermo del Toro, completa una trilogía en la que como productor ha dado respaldo a debutantes que han llamado la atención con algún cortometraje. Ya lo hizo en 2004 con Juan Antonio Bayona y El orfanato; en 2010 presentó a Troy Nixey con su No tengas miedo a la oscuridad. Ahora es el turno de Andrés Muschietti que con su Mamá, desarrolla la idea que ya contenía su corto del mismo título de 2008.
Lo que cuenta se puede explicar como la dramática lucha que van a tener dos madres (la natural, ya fallecida y la madrastra que ahora los custodia) por acaparar el amor de dos niñas. Un cuento que promete sustos, pero que ha sorprendido por no querer atrapar al espectador mediante lo irracional o saturación de elementos fantásticos, sino por su carga emocional. En cualquier caso, una nueva historia de fantasmas para los que su sensibilidad les haya perdido el respeto.
Nos encontramos ante una película diferente. Y no lo es por lo que cuenta, ya que se ha hecho en multitud de ocasiones. Tampoco por cómo lo cuenta, porque lo hace de una manera bastante torpe. Es una película sincera, honesta, humilde y responsable, atributos que sin duda desconciertan. La propia intrahistoria del film nos lo advierte. Chbosky adapta su propia novela, del mismo título, gestada porque necesitaba escribir sobre su propia vida y cómo ciertos traumas pudo superarlos.
Lo normal, ante el éxito de ventas que tuvo el libro, es que aceptara cualquier suculenta oferta por los derechos, pero decidió prepararse y conseguir financiación para convertirse en cineasta él mismo. Un siempre inquieto y activista cultural John Malkovich, interesado, ha sido el apoyo para que el proyecto se materializase. Y yo lo celebro, porque si es cierto que el relato está repleto de lugares comunes y los recursos que emplea aún le pueden etiquetar como aficionado, cumple con un requisito poco común y es saber de lo que está hablando. Habla de culpa, de abusos infantiles y de cómo, desde la vida, lograr superarlos.
El propio director confirma que esta película es el final de un ciclo en el que ha repasado la historia de Chile desde la dictadura de Pinochet. En Post Morten (2010) contó sus orígenes; en Tony Manero (2008) retrató la época más violenta y con No se ocupa del fin del régimen.
Larrain ha rodado en analógico, con cámaras que ya no se utilizan, para dar autenticidad y acercar más a los espectadores a los hechos que relata. Nos cuenta cómo el plebiscito nacional, provocado por la presión internacional, para que Pinochet continuara o no en su cargo, dió la libertad al pueblo chileno. Varios puntos de interés sobresalen en esta propuesta: el tratamiento de la publicidad como principal arma en la resolución del proceso y la ventana abierta que supuso la salida de Pinochet. Acababa una dictadura, pero no se retornó a la utopía socialista que lideraba Allende. Se dejó entrar al capitalismo y ahora todos conocemos cuál es el paisaje.
LA CRÍTICA: Gangster Squad, de Ruben Fleischer
Una de las secuencias ayuda a describir la película: La brigada que tiene como misión desmantelar el entramado mafioso y criminal que está operando en Los Ángeles, hace aparición en un club donde es está celebrando una fiesta de disfraces. Y eso es la nueva película del sobrevalorado Fleischer, una lujosa pero vana fiesta de disfraces. Un descomunal elenco con sus trajes y vestidos de época, pasándoselo en grande. Entre disparos, violencia y la nada.
El argumento es mínimo y la hondura de los personajes inexistente. Propicio para el espectador que disfruta con los videojuegos no sólo por la obligada interacción, sino por el contenido. Y es que éste parece haber sido el público escogido, a tenor del resultado, por la poderosa Warner a la hora de plantearse la producción. Un film completamente entregado a la serie B (en fondo, no en forma) y que bebe hasta ahogarse en los seriales de la pulp fiction. Un despropósito vestido de seda.
Artículo de Samuel Arjona a 8 febrero, 2013.

La cartelera de cine nos propone esta semana un carrusel de sensaciones. Selvas, ciudades y mundos solitarios.

Cuando uno se acerca a un volcán en activo, como el Arenal de Costa Rica, debe estar dispuesto a casi cualquier cosa.