Atando cabos
- Confieso que me pregunto para qué saldría yo de San Borondón
Nuestro viajero ha caído a tierra tras el accidente. Ni él sabe dónde está.
Cuaderno de bitácora (día segundo)
Desperté cuando el cangrejo que se entretenía deambulando por mi cara hurgó más de la cuenta en el interior de mis narices. Debió durar apenas unos instantes, pero les confieso que perdí el conocimiento mientras caía. ¿De dónde habrá salido aquel pájaro del infierno que truncó mi apacible vuelo en globo?
Miré a mi alrededor. El globo, algo maltrecho, estaba tendido sobre la arena negra de la playa. La canasta se había soltado. Tendré que atar cabos, pero antes debo responder a una simple pregunta: ¿dónde estoy? Yo, el intrépido Don Borondón, empezaba a preguntarme también para qué abandonaría mi apacible hogar.

