La Marea

Nuestro viajero surca los cielos tras abandonar su isla imaginada. Y llega el primer incidente.
Cuaderno de Bitácora (Día primero)
San Borondón, la imaginada, se pierde de mi vista. ¿Quién la soñará ahora que yo la abandono? El globo resiste con valentía los embates del viento.
Con la misma rapidez con la que se difumina mi viejo hogar se perfila ante mí la silueta de un gigante. Creo que sé a quién pertenecen esos perfiles. Es el Teide. Me acerco a su cumbre nevada.
Hace frío aquí, a casi cuatro mil metros de altura. Pero todo es tan bello que me olvido hasta del tiempo. De repente, un zumbido hace vibrar la canasta. Me pongo en alerta, despliego el catalejo y busco el origen de la amenaza.
Cuando quiero reaccionar ya es demasiado tarde. Son las desventajas de ir en globo. Un pájaro infernal de color blanco y verde pasa tan cerca que pierdo el control sobre mi particular aeronave.
Giramos tanto que el mundo se ha convertido en una espiral. Lo último que pude ver fue el tatuaje que la bestia lucía en su cola: “Binter“. Giro y giro. Caemos. ¡Por todos los habitantes de San Borondón! ¿Dónde caeremos?
CONTINUARÁ…
Artículo de Cuaderno de Bitácora Don Borondón a 9 febrero, 2013.

¿Te cuento un cuento? Hansel y Gretel y otras criaturas se cuelan en la cartelera de cine.

Ni los bosques de utilidad pública se libran del riesgo de ser privatizados.