Noche coruja
- Un relato con perenquenes, cabosos, tabaibas, chineguas y roncotes
Un artículo en canario-español en el que se entiende casi todo.
El roncote despertó sobre la barra del bochinche al final de otra madrugada de belingo. A su lado se seguían sirviendo piscos de vino del país a los parroquianos. El borracho se alongó y trató de agarrar al despiste una botella de ron. “¡Chacho, te escacho la cabeza, machango!”, bramó el camarero agarrándole con fuerza de la muñeca. Sin soltarle de ese punto concreto de su fisionomía lo relingó del bar. No era la primera vez que lo hacía.
Ni sería la última. El roncote nunca había logrado llevarse el premio. Puso rumbo a su casa, en el barrio alto, donde hacía ya dos años que no le esperaba nadie. Hasta hace poco hubo un chucho, pero desapareció una noche cualquiera. El hombre se perdió, primero por una barranquera, tropezando con las tabaibas, haciendo zigzaguear a los regañosos, que reptan pesados entre las sombras. Una coruja observa la escena. Atraviesa una finca, zarandea millos y pisa las matas de las papas chineguas. Mañana alguien se acordará de él sin saber quién es.
El loco deambular termina en la marea. Cae a un charco de cabosos y chuchangos. Duerme otra vez. Sueña su sueño dorado de borracho: conocer Querétaro. ¿También allá habrá perenquenes?


Se me tupió el entendimiento con tanta esriscaera